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Armonía y color

Equilibrio, proporción, correspondencia, dialogo, son algunos conceptos que ayudan a comprender el significado de la palabra armonía.

Aplicado al diseño de nuestros espacios arquitectónicos, y en particular haciendo acento en el color de las superficies, este concepto nos lleva a tomar especial atención a la hora de elegir la forma de combinar o yuxtaponer los colores elegidos.

Un espacio o sucesión de espacios comunican sensación de armonía cuando sabemos combinar y distribuir de forma adecuada los colores. Generalmente se busca luminosidad, amplitud, calma equilibrio. Aunque también en ocasiones buscamos ambientes vibrantes y con energía, o quizás sobriedad y profundidad, etc.

El círculo cromático es una herramienta de gran ayuda para lograr estos cometidos. Los colores están distribuidos de acuerdo al segmento de luz solar visible, excluyendo el blanco y el negro.

En este caso los colores primarios son el amarillo, azul y rojo. Los secundarios, que surgen de mezclar los primarios, son el naranja, verde y violeta.

Por otro lado clasificamos a los colores por cálidos y fríos. Los cálidos, como lo son el amarillo, naranja y rojo transmiten sensaciones confortables.

Los colores fríos como el violeta, el azul, turquesa y la mayoría de los verdes comunican equilibrio y sobriedad así como frescura, sobre todo en los ambientes que reciben luz solar directa.

Cuando usamos blanco combinado con otro tono será este último color el que vaya a marcar las características y la personalidad del lugar.

Por dar un ejemplo, el rojo regala fuerza y brillo. El verde o el amarillo transmiten tranquilidad y ayudan a la concentración. Los tonos de azul pálidos sirven para la relajación.

Es sumamente difícil combinar dos colores sin que cualquiera de ellos no sea blanco o negro. Se deberá hacer con mucho criterio. Generalmente tienden a combinarse colores complementarios en compañía de colores identificados con alguno de los primarios que lo componen. Esto genera contrastes de gran armonía y equilibrio.

Por ejemplo: el naranja combina muy bien con el rojo, el verde con el azul, etc.

Otra opción válida podría ser el uso de diferentes tonos de un mismo color. La ubicación de los diferentes matices debería estar condicionada a la incidencia de la luz en el ambiente. En este sentido si estamos trabajando en un espacio interior, debemos estudiar previamente la ubicación de ventanas o luminarias para luego decidir que matiz va en cada pared. Si estamos trabajando fachadas o espacios exteriores, es importante tener en cuenta la orientación de la o las superficies para prever la incidencia indirecta y directa del sol.

Si bien es cierto que a la hora de elegir los colores la única frontera es nuestra imaginación, es bueno saber que existen una serie de reglas básicas que nos llevaran a obtener resultados más equilibrados y confortables.